Qué curioso es ver a los abuelos llevar a los nietos a tomar el aperitivo dominical. Los nietos con sus teléfonos y sus auriculares puestos. La abuela también con sus mensajes de teléfono, y el abuelo perplejo, de brazos cruzados.
La nieta está viendo una película mientras el nieto juega pegado a su pantalla.
En realidad es la misma situación de siempre, pero antes el fastidio era mayor, estaba repartido de otra forma y era menos visible, cada uno se escondía en su pensamientos. En algo nos hemos movido, lo que no se sabe es hacia dónde.
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