Hace un montón de años en mitad de una crisis económica y social, en un tertulia televisiva, de cuyo nombre querría acordarme, pero no puedo, se invitó a los participantes a que dijeran lo que cambiarían del mundo.
Cómo os podéis imaginar todos empezaron a hablar de la injusticia, del hambre, de la desigualdad y cosas así, pero entonces le llegó el turno a un contertulio que desesperado, pero con ganas de aportar dijo "Pues a mí, ya que todo eso de lo que habláis no se puede solucionar, me gustaría que al menos se arreglaron las cosas pequeñas, que los abrefáciles sean fáciles de abrir, que los plásticos de los cedes no sea artefactos del infierno, no sé, que algo se solucione, algo, lo que sea", claro, empecemos por lo fácil, y luego ya iremos aprendiendo, pensé yo.
A mí aquello me pareció de un realismo y de una lucidez brillantes, y desde entonces me acuerdo de ese señor, de cuyo nombre querría acordarme, pero tampoco puedo, cada vez que me encuentro con una de esas cosas absurdas que hacemos los humanos, y que no sirven más que para seguir entorpecido y ensuciándolo todo, como con la etiqueta de esta manzana, de esta manzana y de millones de manzanas que hay que poner y luego quitar, para nada, o al menos para nada indispensable, creo yo.
Ya sabéis que yo soy de nuestra frutería lowcost fetiche fetén, pero cada vez que compro fruta con pegatina, me pregunto ¿Será posible que ni esto consigamos arreglar?
Por cierto, mientras escribo esto tengo que luchar con una mierda de diálogo en el que figuran los símbolos de "fotografía, "gif" y otros, que no me dejan ver lo que escribo, lo que para un disléxico con disgrafia es terrible.
En fin, no deja de ser un sarcasmo que queramos acabar con las guerras cuando no somos capaces de mejorar la forma de etiquetado de las manzanas o de dejar escribir esto sin ocultar lo que escribe al escribiente.
Qué especie somos los humanos, creada a imagen y semejanza del mismísimo Dios, dicen, incluso la propia Biblia lo dice, pues vaya Diosito Lindo entonces, en fin qué desastre. Menos mal que el apocalipsis está cerca, y no nos va a hacer falta esperar al meteorito, nosotros mismos lo estamos creando, así, como somos nosotros, a lo tonto.
Fotografía. Quique Artiach.
