martes, 17 de febrero de 2026

Lluvia

 

La lluvia golpea las azoteas, los tejados, los techos de los autobuses, de los tranvías, de los coches, resbala por los paraguas y los impermeables, encharca las calzadas y las aceras, hasta que se cuela por los sumideros de las alcantarillas, repelida, desaguando, por fin expulsada en los ríos cercanos. 

Sin embargo la lluvia que cae allí fuera, en el mundo, en la naturaleza, ablanda las copas, las ramas y las hojas de los árboles y enternece las cortezas, las ramas las raíces y los tormos de tierra seca, empapa, limpia, cura, enferma y vivifica a todos los helechos, los líquenes, los musgos, las gramíneas, y a todos los animales, mamíferos, insectos, vertebrados e invertebrados que bajo el cielo viven. 

Los habitantes del mar, sienten la lluvia también de forma diferente, cambia la iluminación de su entorno doble, triple, si de día las nubes, las olas y el propio aguacero, en diferentes proporciones, alteran la luz y el color del océano como si este fuese el interior de un caleidoscopio en movimiento, si de noche, no cambia tanto la luz ya escasa de la luna, sino la oscuridad que ya ahí se contiene y al estar todo enceguecido, es el sonido el que cambia como si todo el universo marino hubiera caído en el interior de un túnel de viento.


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