Lo que se percibe es, sobre lo inmóvil, lo que se mueve, y también lo que aprovecha tu movimiento para moverse dentro de ti según te mueves.
El sonido es movimiento. Como todos los demás sentidos, el oído se activa con el movimiento.
Lo que oyes es también lo que ves, porque el sonido anuncia a la vista el movimiento.
La luz también es movimiento.
La mirada, propia y ajena, se mueven, e indican el sentido y dirección del movimiento entre los seres vivos y sus propios pensamientos.
La ausencia es un movimiento.
Se ve lo que estaba y se ha ido.
El caminar, el moverse pone en movimiento el pensamiento.
¿Acaso no es el pensamiento movimiento?
En ausencia del movimiento, lo que se ve son las líneas de los objetos, de los edificios, de las calles, del horizonte, que indican las direcciones posibles y por tanto los posibles próximos movimientos.
Se ve la posibilidad del movimiento, esa posibilidad, ese movimiento.
A pesar de todo esto, ¿es todo movimiento? Si así fuera, faltaría un fondo donde percibir la forma del movimiento, aunque, también el movimiento puede ser el fondo donde observar otro movimiento.
Un triángulo, cualquier forma geométrica en sus líneas y en sus ángulos, es movimiento.
Lo que se mueve en la imaginación, claro, es movimiento.
Las aspas metálicas del ventilador mueven entre ellas el aire, la luz y las sombras.


