viernes, 3 de julio de 2015

Gatos y más gatos

 
    Voy dando un paseo por el Parque Bruil y veo un gato naranja yendo a paso ligero  hacia el río Huerva. Como ya sabéis me encantan los gatos.

     Me veo a mi mismo de pequeño, a mi  yo  de dos o tres años le hubiera encantado tener un gato así. Estoy seguro de que lo hubiera achuchado como hacen todos los niños todo, sin compasión.

     Me doy cuenta de que aunque hubiera podido abrazarlo no me hubiera podido fundir con él, no habría podido ser él, que es lo que realmente uno quiere cuando le gusta algo, cuando está enamorado y pienso que en eso consiste la soledad: en ser uno mismo y por tanto nunca otro.

    Por otra parte hoy he dejado a mi padre desayunando en la mesa de la cocina. Había vuelto de hacerse unos análisis y el hombre  tenía bastante hambre.

    Allí estaba él con el bizcocho que le hice ayer encima de la mesa y con su café con leche. Debajo de la silla. agazapada. le acompañaba nuestra gata Carmela.

    - Me acabo de dar cuenta de que está aquí debajo comiéndose las migas que se me van cayendo. Me ha dicho mi padre. Y luego cuando creía que yo ya no le veía le ha dado a la gata un pequeño trozo de bizcocho. Me he sonreído, parece que mi padre y Carmela poco a poco van teniendo
 esa complicidad que solo tienen los buenos amigos.

  

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