martes, 30 de junio de 2015

El arroz



     No es lo mismo hacer las cosas que conseguirlas. Durante muchos años he cantado, he compuesto canciones, he actuado, he grabado, he ensayado, he tocado, he escrito.. he participado en cortometrajes en videoclips....he hecho cosas  pero no he conseguido las cosas. No las que quería al menos, aunque si otras quizás todavía  más valiosas.

   Esto me recuerda una historia de una chica de la que me enamoré un verano. Ella tenía veintitrés años y yo dieciocho.

   Un día me lancé y le dije "ya se que soy pequeño para ti pero podrías ir al espacio diez años y como allí se envejece a la mitad de la velocidad que  en la Tierra cuando vuelvas yo tendré veintiocho y tu también"
   Ella me tenía cariño y se rió, me acarició el pelo como se hace con los muchachos y me dijo "Bueno, bueno, ya veremos" mientras se iba con sus amigas al encuentro de algún amante.

   En el fondo no me rechazó porque en el fondo tampoco le disgustaba y además ¿quién sabe? ¿por qué cerrarse puertas? ¿quién podría haber sabido entonces el tipo de hombre en el que me iba a convertir?¿Qué se sabía al fin y al cabo entonces de los viajes espaciales?
   Así que no me rechazó pero tampoco me llevó a la cama, claro, se dejo la puerta abierta pero  ya nunca la he vuelto a ver.

   Algo parecido me ha pasado con el arte, te deja la puerta abierta por si te atreves a entrar y probar tus fuerzas y tu suerte pero luego se te escapa casi siempre  por la puerta de atrás.

 Ahora ya soy mayor y puedo contar estas cosas sin avergonzarme, al fin y al cabo a ella, a mí y al propio arte, ya se nos ha pasado, sin darnos mucha cuenta, otra vez el arroz

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